domingo, 10 de diciembre de 2017

PAS, navidades y ese gran vacío interior

"¡Felices Fiestas!" ¿Cuántas veces ya lo has escuchado? ¿Cuántas veces ya lo has visto en revistas, periódicos, escaparates? A mi me encanta desearles a la gente un tiempo feliz, pero cada vez tengo más conciencia de lo que digo y a quién. En primer lugar, "feliz" es un concepto muy individual y no todos aspiramos a pasar las Navidades y Reyes rodeados de familiares, de comida y regalos, y en segundo lugar, puede ser que la persona a quien le digo estas palabras, perciba estas fiestas como la peor y la más difícil época del año.

La estampita de familias radiantes y completas desde abuelos hasta nietos o bisnietos, todos bien comidos y vestidos, en una casa bonita y generalmente también con perro (casi siempre un labrador) o gato, al lado de un precioso árbol de navidad con una montaña de regalos a su pie, año tras año, nos es presentada como el colmo de la felicidad. Puede ser así para muchos, pero casi seguro que para otros muchos, esa estampita no corresponde con su realidad y generando malestar.

No quiero ser negativa para nada, lo único que me gustaría hacer visible es que esa estampita es un cliché que probablemente hace más daño que bien. Pienso en familias incompletas, disfuncionales, con enfermos y preocupaciones de todo tipo, pienso en los refugiados, los emigrantes, los sin techo, los perdidos y aquellos que, por el motivo que sea, tienen que pasar estos días sin familia, sin comidas, sin buena ropa, sin casa decente, sin mascota, sin árbol y sin regalos. Es ésta la realidad, quizás más, que a estampita, que no deja de ser una manifestación del marketing insensible.

Pienso en muchos de mis clientes. Cómo los temas que salen en las sesiones suelen ir por "temporadas" no es de extrañar que en este mes salen problemas con familiares, especialmente -en estos casos- con los padres que nunca han sido buenos padres y mientras que durante el resto del año la relación con ellos es más o menos llevadera, es ahora, cuando toca pensar en "la obligación de ser buen hijo o buena hija" que vuelve a mostrar su cara desagradable. 

Malena: "Tengo que comprarles algo; ya lo tienen todo y según cómo me miran nunca acierto o lo ven insuficiente, y además no me sobra el dinero". 
Juan: "Tengo que ir a esa comida familiar, dicen que nos queremos mucho pero en la mesa no hacen nada más que criticar e insultar. Y ni te hablo de los chistes malos y machistas". 
Sofia: "En ninguna época del año me siento tan sola como en las Navidades". 
Carina: "Añoro a mi familia, pero me doy cuenta de que no es tanto que les añoro a ellos personalmente, sino más bien a una sensación de sentirme querida incondicionalmente, arropada - algo que nunca recibí de ellos".
Javi: "Cada año somos menos; unos se han muerto, han habido divorcios... y encima parece que los pocos que quedan, para no sentir la tristeza y el dolor,  cada vez más ganas tienen de beber..." Suspira. "Este año me abstengo. No quiero esto, esa enorme soledad en compañía, para estas Navidades".

Todos ellos, y otros, me están hablando de una profunda tristeza, de algo que su alma anhela y que, según la estampita que nos venden, únicamente se puede encontrar en esa familia de bien, completa y radiante de felicidad. Y, sí, claro que lo puedes encontrar allí si tu familia es amorosa y cariñosa, si entre todos sabéis crear ese ambiente de calidez y de acogida. Estas familias existen, lo sé. También sé que son pocas.

El peligro con la estampita es que nos hace creer que nuestra felicidad durante estos días depende de todo que ella proyecta. Todos sabemos y muchos realmente sentimos que esta felicidad no depende de lo material: de los regalos, las comidas y menos del alcohol. No es el árbol, que nos hace sentir bien de verdad. Ni sus luces, aunque pueden aportar una sensación de festividad, claro que sí.

Yo vengo de una familia bastante disfuncional con padres que, a su manera, durante los años de mi infancia, han intentando emular la estampita, aunque de una manera muy simplificada. Recuerdo el aroma del pino en casa y, sobre todo, esa sensación sobrecogedor cuando, por la tarde de la Nochebuena, mi madre finalmente abrió la puerta de la salita dónde había estado decorando a escondidas ese árbol, manteniéndonos, a mi hermanito y a mi, en un estado de emoción, expectativa y nerviosismo, añorando ese momento indescriptiblemente emocionante en que ella abriera la puerta y podíamos, por fin, admirar el árbol y las muchas velitas en todo su esplendor. Hasta el día de hoy vivo este recuerdo como algo sumamente mágico - ¡la luz

Pero es otra enseñanza de mi infancia, un regalo de mi padre (PAS) que me ha ayudado encontrar y dar sentido a estos días especiales. Él, todos los domingos cuando estaba en casa (viajaba mucho) siempre nos hizo montar en el coche para hacer "una salida". Hacer una salida significaba: dar un paseo en el bosque, remar sobre un lago, pasear por la playa (especialmente cuando hacía mucho viento)... ese tipo de cosas, aunque también nos llevaba a museos y a visitar familiares lejanos y enfermos. Y siempre llevaba nuestra atención a detalles como el verdor de los pinos, el cambio de color de las hojas de los árboles caducifolios, alguna nube especial, un canto de pájaro, la capacidad saltarín de las ardillas, la gran variedad de setas, el rocío, los cristales de los copos de nieve, o también, la mirada de la gente y sus gestos... Recuerdo muchos detalles de este tipo. Las salidas de los días de Navidad eran especialmente enriquecedoras porque mi padre entonces sabía añadir una cualidad distinta que hizo que nos fijábamos mucho en la caída de la luz, en el silencio, en la vastedad del cielo. Supo enseñarme que el calor anímico que pensamos que nos tiene que llegar desde fuera de aquellos que nos quieren, en realidad está dentro de uno. Lo podemos crear, lo podemos sentir y luego lo podemos compartir con aquellos que lo necesitan. Esto lo podemos hacer todos los días del año, pero más fácil de hacerlo en esta época del año ya que, de verdad, la luz y el silencio son distintos.

Mi padre nunca nos habló de religiones, aparte de como algo, digamos, cultural. Pero nos enseñó fé, nos enseñó Amor y un gran respeto por La Creación en su totalidad. Y es con esta emoción que yo celebro esta época del año. Entiendo el vacío y la falta de sentido que hacen que muchos lo pasan mal estas semanas de poca luz. Lo entiendo, pero no lo comparto - al contrario. Prefiero, por lo tanto, aparte de pasar un rato especial con mis hijos, estar a solas para buscar ese estado de reverencia interior y de profunda gratitud por todo que la vida me enseña, recordando las enseñanzas de mi padre, repasar la riqueza del año que se está cerrando, y abrirme a lo que en el futuro quiere nacer.

Queridos lectores, queridos PAS, gracias por formar parte de mi vida y darle sentido. Espero no haberos aburrido con esta pequeña historia personal ya que mi idea era haceros un regalo compartiendo el regalo de mi padre. Igual si celebráis las fiestas rodeados por vuestra familia, con amigos, con pareja y con o sin hijos o a solas, espero que podéis conseguir llenar ese posible vacío y sensación de sinsentido hasta desesperación, con este, tan especial y luminoso, calor de corazón


¡Os deseo felices días de introspección y de luz interior!


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martes, 21 de noviembre de 2017

Resultados de la encuesta laboral para PAS, parte 1


Un poco de historia
Gracias a todos qué habéis participado en la encuesta laboral para PAS. Cómo a lo mejor recordáis, la encuesta fue diseñada por Esther Bergsma, holandesa y experta en el rasgo de la alta sensibilidad. Cuando, hace unos meses, topé con su encuesta en su versión original y me puse a contestar las preguntas, se me ocurrió la idea de realizarla en España y la contacté, y así empezamos. Mientras tanto la idea nos entusiasmó tanto que la encuesta se está distribuyendo en unos cuantos idiomas más y en muchos países del norte de Europa, en Sudamérica, en EEUU y, dentro de poco, a lo mejor también en Rusia. La globalización es nuestra aliada para ganar más datos sobre el rasgo de la Alta Sensibilidad.

Los participantes
La encuesta consiste de treinta preguntas, y nos dimos cuenta que era larga. Pero, ¡hay tanta faceta interesante por investigar y evaluar! Al final recibimos 1549 respuestas útiles, de las cuales un 89,27% de mujeres y un 10,73% de hombres, con edades predominantemente entre los 35 y los 45 años. Cómo habíamos presentado la encuesta como un tema europeo, la gran mayoría de los participantes son de España, pero también había un pequeño porcentaje de Argentina y de otros países.


Lo más destacado de la encuesta, parte 1

Buen ambiente y trabajo con sentido
Preguntamos por unas  cuantas circunstancias laborales y la importancia de cada una. Había tres contestaciones posibles: no importante, importante e indispensable. Un buen ambiente es absolutamente necesario para casi un 74% de los encuestados, mientras que un 71% dice que lo más importante, aunque no indispensable, es que haya silencio en el lugar de trabajo. Esto tiene su lógica si pensamos que un 89%  de las personas que han colaborado con la encuesta han dicho que, en cuanto a los estímulos generales, lo que más les afecta y molesta es el ruido. 


Después del buen ambiente, en cuanto a lo indispensable, viene -con un 59%- la necesidad de tener un trabajo con sentido, y para 32% esto es importante. Ya lo suponíamos, pero los PAS queremos contribuir, queremos ser útiles y nos sentimos mal en trabajos rutinarios y mecanizados.
Otros aspectos con importancia para los PAS son la posibilidad de recibir formación (58%), tener cierta autonomía y libertad de cara a la realización de ciertas tareas (57% dice importante y 38% dice indispensable) y que el trabajo contenga un elemento creativo (54% dice importante y 37% dice indispensable). 
Llamativo también es la necesidad (54% dice importante y 36% dice indispensable) de un horario flexible y, en la misma línea, la absoluta necesidad de poder disponer de suficiente tiempo libre (57%) lo cual es importante para un 40% de los participantes. En relación con este dato podemos añadir que un porcentaje de 41 ha indicado que, si de él o de ella dependiera, trabajaría entre 24 y 32 horas por semana. 

Concluyendo podemos decir que, generalizando, los PAS buscamos un trabajo con sentido en un entorno positivo y agradable. Si nuestra empresa ofrece la posibilidad de formación, muchos de los PAS se apuntarían. Nos gusta tener cierto grado de autonomía a la hora de realizar nuestra tarea y, si es posible, nos hace sentir bien si podemos añadir algún elemento personal y creativo. Semanas largas nos agotan ya que necesitamos tener bastante tiempo libre para evitar estrés y agobio. 

En un siguiente artículo, os cuento más...








domingo, 12 de noviembre de 2017

¿Cómo distinguir entre el rasgo de la alta sensibilidad y un trastorno?

Creo que ha llegado el momento de volver a tocar uno de los temas más delicados relacionados con el rasgo de la alta sensibilidad: la diferencia entre un rasgo -en este caso el de la alta sensibilidad- por un lado, y trastornos por otro: hablamos de un rasgo cuando algo es común, y de un trastorno cuando algo es menos común, más bien una excepción. Por ejemplo, si miramos un trastorno como el del espectro de autismo (TEA), se estima que afecta a 6 personas de cada 1000 (INFAD, Nº1-Vol 1, 2013. ISSN: 0214-9877. pp: 769-786), mientras que si miramos el rasgo de la alta sensibilidad tal como ha sido y es investigado por la Dra. Elaine Aron, estamos hablando de unas 150 a 200 personas de cada mil, o sea, de un 15 a un 20 %.
La gran dificultad a la hora de distinguir entre el rasgo y según qué trastorno, está en el hecho de que la alta sensibilidad suele solaparse en gran medida con cierto número de trastornos lo cual, no solamente confunde, sino que también hace que alguien con un diagnóstico de un trastorno, posiblemente vea la solución de sus problemas en acoger "la etiqueta" mucho más light del rasgo, ignorando el verdadero problema con el que está lidiando. Este solapar en los casos del Autismo y el TDA(H) puede tener su origen en la neurobiología.  Ambos, los trastornos del espectro autista y el TDA(H), son trastornos de desarrollo neurobiológico ya presentes en el niño muy joven, generalmente desde la edad preescolar, que se caracterizan por deficiencias y problemas en el funcionamiento personal, social, escolar o laboral.

Visto que el rasgo de la alta sensibilidad también tiene una base neurobiológica y que investigaciones (Klages, Acevedo, Aron) han demostrado una relación entre los procesos neurobiológicos y las características del rasgo, no es de extrañar que veamos similitudes en gran parte de las características del comportamiento de los tres grupos. Ahora, el comportamiento de una persona es solo una pequeña faceta de la personalidad de alguien; lo que pasa en su funcionamiento interior es invisible y, aunque algunos comportamientos sean iguales, su causa puede ser bien distinta. Dice la dra Elke Hoof: "Distinguir es importante, ya que trastornos del espectro autista y el TDA(H) causan deficiencias y limitaciones que, a través de una terapia adecuada pueden conducir a una mejor calidad de vida".
Por el contrario, adultos y niños PAS (también llamados "NAS") no presentan este tipo de deficiencias o limitaciones. Aunque sí pueden vivir situaciones y circunstancias temporales  -generalmente como resultado de un exceso de información en momentos puntuales- que producen reacciones que complican el funcionamiento personal y social, de ninguna manera se trata de deficiencias o limitaciones permanentes (aunque tratables). Es importante tener en cuenta que alguien puede ser PAS y tener un trastorno - y viceversa.
Entrando un poco más en cada uno de los trastornos en relación con la alta sensibilidad, podemos decir, en cuanto al tema de autismo, que ambos grupos se caracterizan por la manera en que el cerebro gestiona la información. Digamos que el cerebro filtra la información de manera insuficiente o, al contrario, de manera excesiva, o que directamente filtra información incorrecta. Personas que sufren del autismo -TEA- desarrollarán determinados estilos de percepción como sería, por ejemplo, "colgarse" en la información recibida de uno de los sentidos, no pudiendo asimilar el conjunto de la información sensorial. La interpretación de los estímulos sensoriales puede requerir más energía de que la persona tiene disponible, con lo cual esta será incapaz de reaccionar adecuadamente. Del conjunto de sentidos, un autista suele tener tanto el olfato como el tacto más desarrollados que los restantes.
Esto, en la práctica, significa que personas con el TEA pueden encontrarse con dificultades en relaciones sociales ya que por su manera particular de procesar la información disponible, les cuesta mucho ponerse en los zapatos de otro, de entender intenciones, pensamientos y emociones ajenas por lo cual generalmente no son capaces de anticipar las ideas, deseos y sentimientos de las personas con quienes interactúan. De la misma manera se pueden presentar problemas en la comunicación. Alguien con el TEA puede tener un vocabulario impresionante, pero quedar corto a la hora de entender a su interlocutor, mientras que también le suele costar llegar a una correcta interpretación de metáforas.  Por su falta de capacidad imaginativa, el autista puede percibir el mundo como muy caótico y amenazante. Le cuesta imaginarse algo concreto que no puede percibir mientras que, en niños con alta sensibilidad, es justamente su enorme capacidad imaginativa que hace que el mundo a veces le venga grande. La falta de fantasía en un niño con TEA hará que generalmente le cueste desarrollar el juego simbólico, mientras que un niño PAS, por ejemplo, puede imaginarse ciudades enteras y completas jugando con una simple caja de cartón. La visión completa de las cosas en función de sus relaciones subyacentes, hacer planes para el futuro, saber calcular las implicaciones de una palabra, de un acto, de una decisión, es una de las ventajas que vienen con el rasgo de la alta sensibilidad, algo que no pertenece a las características del trastorno autista. Si, en este sentido, pensamos en el hecho de que muchos PAS tienen dificultades en la asimilación de cambios en función de la cantidad de información que esto implica y, por ende, la enorme cantidad de posibilidades que un cambio puede conllevar (fantasía), lo cual llega a abrumarle, el miedo que puede sentir un autista que se ve ante cambios no se basa en el amplio abanico de posibilidades, sino más bien en la rotura de la rutina. Otros campos en los cuales los (niños) PAS y los TEA presentan diferencias notables son la imitación y la (in)capacidad de tener la atención puesta en varias cosas a la vez. En caso de duda recomiendo consultar a un profesional y/o el SCQ, el cuestionario de comunicación social.
Otro trastorno que a veces se confunde con el rasgo de la alta sensibilidad es, como ya decíamos, el trastorno de deficiencia de atención acompañado, o no, por síntomas de hiperactividad, el TDA(H). Por el momento no disponemos de muchos estudios sobre las diferencias entre el rasgo y este trastorno, pero algo ya sabemos. El DSM-V define TDA(H) como un trastorno neurobiológico de desarrollo que produce limitaciones en el terreno de la atención y la de capacidad organizativa, lo cual se puede manifestar en hiperactividad/impulsividad, resultando en problemas de interacción social, especialmente en el ámbito de formación (educación escolar) y entornos laborales.
La principal característica es una siempre presente incapacidad de prestar atención, de no poder concentrarse durante un cierto tiempo en una sola tarea. Una persona con TDA(H) puede ser muy inteligente, pero se encuentra con grandes problemas a la hora de empezar y acabar una tarea de un tirón y de manera ordenada y organizada. Y no es para nada porque no quiera, o porque tenga una actitud rebelde, no, es porque no puede. Se trata pues de una disfunción sistemática.
Hablamos de hiperactividad cuando se percibe una actividad motriz en momentos en los que no es oportuno: niños que no paran de correr, de mover las piernas, de juguetear con cualquier cosa que sus manos vayan encontrando o que no paran de hablar. Algo que percibimos tanto en niños como en adultos con hiperactividad es una exagerada inquietud, la incapacidad de, simplemente, poder estar quietos.
El motivo por el cual se pueden confundir el trastorno del TDA(H) con el rasgo es porque a los PAS también les puede pasar que pierdan la concentración o que presenten una inquietud que les impida estar tranquilos. Hay, sin embargo, una diferencia fundamental: cuando hablamos del trastorno vemos síntomas que siempre están allí, mientras si hablamos de la alta sensibilidad se trata de algo puntual, algo que se produce por un exceso de información que la PAS recibe a la vez y que, por ser demasiado, no es capaz de gestionar correctamente. La supuesta "hiperactividad" en un PAS es, por tanto, nada más que una consecuencia de determinadas circunstancias y sería más correcto llamarla reactividad. Una de las preguntas que suelo hacer a padres que me vienen con la sospecha de que su hijo pueda ser PAS a pesar de haber recibido un diagnóstico de TDA(H) es, si el pequeño es capaz de estar sentado tranquilamente, haciendo sus deberes o manualidades de una manera ordenada durante un tiempo largo estando absorbido en la tarea, si es capaz de leer un libro (sabiendo que a los PAS nos suele encantar leer mucho y durante horas y horas) y si su sus tareas dan la impresión de haber sido realizadas con dedicación y cuidado, vamos, con atención.
Otro trastorno que se solapa con el rasgo de la alta sensibilidad es el trastorno límite de la personalidad, pudiendo dar lugar a confusión. Como con el tema anterior, el TDA(H), disponemos de poca investigación en la cual nos podamos apoyar para describir las diferencias, pero existen observaciones que nos pueden servir de guía. Algunos síntomas que caracterizan este trastorno son los patrones prolongados de emociones turbulentas o inestables que pueden resultar en acciones impulsivas y relaciones caóticas con otras personas. Aquí también podemos decir que los PAS, por saturación y momentos de estrés y sobrecarga de estímulos, pueden pasar por episodios de fuerte emocionalidad y confusión, pudiendo dar la impresión que la persona sea inestable. Un PAS, contrario a alguien con TLP sin embargo, es capaz de autoregularse, tomando distancia del tema que le preocupa o perturba. Otra diferencia sería que, siendo la alta sensibilidad un rasgo genético, un PAS puede pasar por estos momentos de fuerte emocionalidad desde la primera infancia, mientras que el TLP generalmente no empieza a manifestarse antes de la adolescencia. 
TLP es un trastorno que se presenta en un 1,6% de la población, sobre todo en mujeres. Digamos que se caracteriza por un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales, auto-imagen y en el afecto, muchas veces resultando en un comportamiento impulsivo (puedes pensar en ataques de ludopatía, gastar demasiado dinero, sexo de riesgo, consumo de ciertas sustancias y similar). Las personas con TLP hacen lo que pueden para evitar ser abandonados (tanto en situaciones reales como imaginadas). La idea de perder a un ser querido puede desembocar en grandes cambios del auto-imagen, del afecto, del comportamiento y los pensamientos, presentando la persona una extrema sensibilidad de cara a cambios en su entorno. Vemos, por ejemplo, como este miedo al abandono o a cambios estructurales puede generar episodios de rabia desproporcionada. Se supone que este miedo a ser abandonado está relacionado con un miedo profundo a la soledad, mientras que un PAS generalmente presenta una tendencia a buscar la soledad de manera voluntaria.
La gran diferencia entre la alta sensibilidad y personas con TLP se encuentra en el aspecto de la relación interpersonal: los segundos presentan un patrón de atraer y rechazar, algo que, a pesar de la necesidad de pasar ratos en soledad, no es para nada característico para un PAS. Las personas con TLP suelen verse como el centro de su mundo, generalmente teniendo muy claro lo que quieren, mientras que los PAS generalmente suelen vivir con la atención enfocada en "el otro" lo cual hace que les cueste mucho saber lo que ellos mismos quieren o necesitan. Entre otras muchas diferencias cabe destacar los ataques de rabia, algo para nada común en los PAS, aunque en algunas ocasionespueden producirse como consecuencia de situaciones de sobreestimulación. Sentirse rechazado es un punto delicado tanto en los PAS como en personas con el TLP, pero hay una diferencia: los PAS no se caracterizan por la inestabilidad emocional, cuando se enfadan se enfadan y ya está, mientras que los ataques de rabia hasta las amenazas de autolesionarse del TLP suelen contener elementos manipulativos para conseguir algo que deseen obtener.
Concluyendo, podemos decir que distinguir entre el rasgo de la alta sensibilidad y un trastorno requiere de una profunda observación y puede resultar complicado, generando confusión, sobre todo teniendo en cuenta la comorbilidad, o sea, el hecho que alguien pueda ser PAS y desarrollar un trastorno. Alguien con un trastorno y que además es PAS, puede trabajar el lado difícil de su rasgo, pero siempre será aconsejable que busque ayuda profesional de un psicólogo o psiquiatra que sea familiar con el rasgo para poder distinguir las diferentes facetas de la personalidad de su paciente.
Fuentes:  DSM-V; Hoof,E, (2016). Hoogsensitief, LannooCampus; Aron, Elaine, hsperson.com, ; Internet

domingo, 27 de agosto de 2017

Siendo PAS ¿te haces regalos?


Una de las cosas más difíciles para una persona con alta sensibilidad es pensar en sí misma. Parece que estamos continuamente en modo "dar". Damos de todo: tiempo, atención, abrazos, escucha, empatía, servicio, regalos materiales, tiempo... Seguramente puedes alargar la lista. Damos energía y fuerza física. Cuando aún que no sabes que eres PAS y no conoces el rasgo con todas sus características, no te lo cuestionas porque te parece de lo más normal y natural. Es verdad, nacemos con ese modo "dar". Parecemos carecer del modo "recibir", y tanto es así que, cuando nos toca recibir algo (atención, un cumplido, un abrazo, un regalo material, etcétera) generalmente nos sentimos muy, pero muy incómodos. ¿Te ha pasado?
¿Cuándo fue la última vez que te regalaste algo? ¿Tiempo? ¿Un capricho? Te doy la enhorabuena si puedes recordar momentos de este tipo. Pero luego, ¿te sentiste culpable? ¿Egoísta? 
Dar es bonito. Es precioso. Es sano y bueno poder ayudar a otras personas. Es loable. Ojalá existieran más personas con esta actitud ya que, de verdad, el mundo sería otro. Espero con todo mi corazón que siempre sigas dando y que no intentes suprimir ese lado luminoso de tu ser. ¿Entonces?
Pues, hay un pero. Un pero muy válido. Imagínate una despensa. Una despensa llena de latas con tiempo, bricks con abrazos, cestas con cumplidos, bolsas con billetes y cajas rebosando con regalos y regalitos. Cada vez que tu modo "dar" se activa, metes mano en tu despensa, sacas lo que necesitas y lo das. Poco a poco, ya que tu modo "recibir" no se suele activar, la despensa se va vaciando. Tarde o temprano el vacío se empieza a notar y tu cuerpo, que está dotado de un termómetro de necesidades físicas y emocionales, empieza a dar señales: cansancio, estrés, dolores, preocupaciones, pérdida de sueño... Pero es posible que no relaciones una cosa con la otra y sigas dando.
Espero que no haya sido el médico el que te haya dicho que te tomes tiempo para ti, que desconectes, que descanses. Espero que tú mismo hayas llegado a darte cuenta de que una despensa vacía no tiene nada para dar, y necesita ser rellenada. Si quieres dar a los demás, también tienes que darte a ti: tienes que darte tiempo para descansar, para desestresarte, para reponer energía. Dar y recibir tienen que estar en equilibrio. 
La buena noticia es que la despensa de la energía y de las emociones tiene un truco. Lo poquito que te des a ti, lo poco que te sepas regalar, la despensa lo multiplica. Si te das media hora para cargar tus pilas cada día, tendrás horas para regalar con alegría. Si de vez en cuando te permites un pequeño capricho -un café en una terraza en un lugar bonito, ese libro que querías tener, ese taller que te aportará alguna herramienta- activarás el modo "recibir" y tu autoestima crecerá. Te sentirás mejor. Llegarás a comprender que cuidar de tu despensa no es egoísmo y no es algo por lo que sentirte culpable, sino que es necesario para poder seguir dando con alegría, desde la libertad y -¡ojo!- sin esperar nada a cambio. 
Preguntas que te puedes hacer para tomar consciencia:
  • ¿Cuándo fue la última vez que te diste/permitiste/regalaste algo? ¿Cómo te sentiste?
  • En la última semana ¿cuánto de ti has regalado?
  • ¿Recuerdas momentos en que necesitabas algo de alguien (porque tu despensa estaba vacía) y nadie te lo daba? ¿Te sentías mal y no amado?
  • ¿Sabes pedir ayuda cuando la necesitas?
  • ¿Conoces el estado de tu despensa?
  • ¿Eres consciente de la relación entre establecer límites y el estado de tu despensa?

Te aconsejo apuntar las respuestas y reflexionar sobre ellas y, cuando tengas la oportunidad, comentar este tema con otros PAS. Los unos podemos aprender de los otros.
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domingo, 13 de agosto de 2017

PAS y visitas de familia

Seguimos con el tiempo de las vacaciones; el mes de agosto siendo el més favorito de muchos para escaparse unos días buscando relax y conexión algunos, y otros buscando más bien aventuras y nuevos destinos que les llamen. Y, también, algunos volverán a su casa natal para pasar días con sus padres, abuelos, hermanos y familia en general. Para muchos es una vuelta llena de alegría y cariño pero esto no siempre es el caso. Ojalá que te reciben con amor y que tienes una relación sana y equilibrada con tu familia, que os amáis mutuamente con la misma intensidad y respeto. Si es así, fijo que te lo vas a pasar genial y disfrutarás de cada momento, saboreando recuerdos tiernos mientras coleccionando nuevos momentos llenos de calor anímico para añadir a tu caudal de imágenes y emociones vividas. 

El tema principal de este post sin embargo, aparte de estar relacionado con otro que publiqué hace tiempo - Ser PAS y tener invitados en casa-, es fruto de unas sesiones que acabo de tener en el último mes en las cuales tres clientes vinieron con el mismo tema, con el mismo dolor, aunque evidentemente en situaciones diferentes. Tres adultos que sueñan con reconciliarse con sus padres, que,  una vez más, los van a visitar con mucha ilusión y la expectativa de que esta vez serán unas semanas maravillosas y llenas de felicidad. 

Pedro: "En las vacaciones siempre vuelvo a casa, siempre paso por lo menos una semana con mis padres y mis hermanos. Nunca me lo he cuestionado. Ya lo hacía de soltero, y ahora, con esposa y niños lo sigo haciendo. Pero últimamente noto algo raro en ellos, es como les molestamos, como si no les guste que vamos. Pienso atrás y me doy cuenta que en realidad esto no es nuevo, pero nunca lo he querido ver".

Maite: "Mis padres nunca me llaman, nunca vienen a vernos. Siempre soy yo. A veces tomo consciencia y me molesta, pero en seguida me digo, venga, no pasa nada, son mayores. Como si eso, el hecho de que sean mayores, tiene que ver con la capacidad o las ganas de llamarme y preguntarme cómo estoy. Y encima me preocupo de ir a visitarles con cada oportunidad que tenga. Mis pocos ahorros me los gasto en billetes. ¿Y crees que se alegran de verme? ¿Crees que le encanta estar con su nieta? ¡Qué va! Incluso dicen cosas como... No entiendo que vienes a hacer aquí. Seguramente te diviertes más en Madrid. El pueblo es aburrido y sabemos que no te gusta. Y, también, criticando a la niña, uf. Vamos, me deprimo allí - no por el pueblo, pero por su frialdad e indiferencia. ¿Y me preguntas por qué voy? Pues, porque me parece normal que los hijos vayan a ver a sus padres y hermanos...

Jaquí: Cada verano después de haber estado con ellos (sus padres) me juro que ha sido la última vez. Ya está, nunca me han dado cariño, nunca me han apoyado y nunca me han dado la sensación de que me quieren. Y yo, como una tonta, cada vez que voy espero que algo habrá cambiado, que finalmente se hayan dado cuenta que soy una buena hija, que los quiero, que nunca les pido nada, que soy trabajadora y que me gusta sorprenderlos con regalitos, pero nunca, nunca acierto. Y con los regalitos (dedico mucho tiempo a buscar cositas de las cuales sé que les encantan), buenooo... En lugar de una sonrisa ponen una cara y dice, ¿qué hago con esto?

Tres historias tristes.  Tres adultos, niños mayores, que hacen lo que ellos creen (lo que de pequeño han tenido que oír) que es lo "correcto", que los hijos tienen que amar a los padres, respetarlos y cuidarlos, pero que nunca han sido valorados, apoyados ni -posiblemente- amados. Adultos que desde su infancia están mendigando cariño, reconocimiento y respeto. A dos de ellos, sí los han querido cuando eran pequeños, pero luego, más tarde ese amor se ha visto traicionado o truncado por el motivo que sea. Tres adultos que van a visitar a sus padres, soñando con que ésta vez las cosas serán diferentes, que finalmente van a poder hablar de verdad y habrán estos abrazos y gestos de cariño que sus almas anhelan.

Lo que nunca se puede hacer es decirles que rompan con su familia, sería horrible decir una cosa así. Pero sí les puedes hacer preguntas cómo:
  • ¿Realmente quieres visitar a tus padres si te tratan de esta manera que a ti te produce tanto dolor?
  • ¿Realmente crees que por volver y volver y repetir cada vez la misma historia tan triste, algún día habrá un milagro inesperado y la relación entre tu y ellos cambiará?
  • ¿Alguna vez te has preguntado por el verdadero motivo de tus repetidas visitas? ¿Vas porque crees que esperan de ti que vas? ¿Por ser un buen hijo/buena hija? ¿Porque crees que están encantados con tu visita (la tuya y de tu familia)? ¿Crees de verdad que lo esperan de ti? ¿Les has preguntado si les hace ilusión que vayas a verles? ¿Si el momento de tu visita es oportuno?
  • ¿Alguna vez te has preguntado quién de vosotros lo está pasando bien? Y, si nadie está bien, ¿conviene repetir y repetir este ritual carente de cariño, respeto y acogimiento?
  • ¿Qué te gustaría decirles? ¿Saben lo que sientes? Y tu, ¿sabes lo que sienten ellos? Puede ser que tienes claro lo que necesitas tu (cariño, respeto, alguna frase que te hace sentir querido, una frase que te hace saber que se sienten orgullosos de ti, etcétera), pero ¿también tienes claro que es lo que ellos necesitan de ti? 
Entiendo este anhelo, este deseo de que "esta vez la cosa será diferente", vaya si lo entiendo. Pero también he entendido que hay veces en que no vamos a encontrar aquello que nuestro alma busca allí -fuera- donde lo esperamos encontrar. A veces es sano cortar o, por lo menos, poner un límite. Si un determinado comportamiento solamente aporta malestar y está bien comprobado que "la cosa" no se sana, hay que cerrar capítulos. ¿Que duele? 
Claro que duele, pero prolongar una relación dolorosa y falta de respeto a la larga duele más.

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jueves, 22 de junio de 2017

Soy PAS y me merezco...

Hay una frase, una expresión, que últimamente se escucha mucho y es más que probable que tu, lector o lectora, no solamente te la habrás dicho a ti mismo/a, pero que te la habrán dicho: "Me merezco..." o "Te mereces". Es una frase que sale a menudo en las sesiones de coaching con mis clientes, pero de la misma manera sale en artículos, láminas, conversaciones en los medios sociales. 
Personalmente me resuena esta frase desde mi infancia. Me doy cuenta que he tenido suerte con mis padres que, después de haber cumplido una tarea, me decían que me había ganado un beso, un caramelo o -excepcionalmente- un helado "porque me lo merecía". Recuerdo hacer cosas para poder recibir "premios" algo que, siendo niña PAS, es bastante común. Sé que muchos niños crecen sin la valoración de sus progenitores y en este sentido me considero afortunada. Recibir un comentario y un premio de este tipo te hace sentir bien y valorado. En todo caso, estoy hablando de lo que otra persona cree que me merezco (valoración externa) y no de algo que yo creo o creía que me tendría que tocar, cómo de grande tendría que ser la recompensa para equilibrar mi esfuerzo. Es más, volviendo atrás en mis recuerdos recuerdo cierta tensión, cierto anhelo por saber qué premio me tocaría o cómo estaría valorada según qué acción. No recuerdo sensaciones o pensamientos de tipo "me merezco...", simplemente porque no sabía cómo mis actos iban a ser percibidos por mis padres o profesores. 
Ahora, te confieso que ese "me lo merezco" me suena un poco raro según el contexto. A ver si me explico. ¿Quién decide sobre aquello que supuestamente te mereces? ¿Y cómo lo valora? Por ejemplo, noto una sensación extraña si veo o escucho publicidad que me dice y me hace creer (¿en función de qué?) que me merezco un viaje, una lavavajillas o hasta una tarde en un spa. ¿Qué sabe esa gente de mi? ¿En que se basa?

Expectativas
Haces algo libre de expectativas. Lo haces desde la libertad sin esperar nada a cambio lo cual hace que la "recompensa" directa, si es que la haya e igual la que sea, te hace incluso sentir un poco incómodo. Casi dirías que la mejor recompensa no sería algo personal, sino ver que alguien puede avanzar en su vida gracias algo que haces sin saber de manera consciente que ese algo proviene de ti. En este sentido pienso en maestros que enseñan desde la vocación y siembran semillas de futuro en los corazones de sus alumnos. Haces algo por hacerlo y punto. Ni se te ocurre algo como: "...y por esto me merezco". 
Otra cosa es que haces algo que consideras positivo y lo cual te ha costado mucho tiempo y energía. En este caso posiblemente sientes que mereces algo a cambio. Ese algo puede ser un reconocimiento verbal (¡muchas gracias por tu ayuda!), un ramo de flores, hasta una cantidad de dinero. Generalmente los primeros dos tienen su origen en una reacción espontánea mientras que un pago en metálico suele ser consecuencia de algún tipo de contrato. Todo va bien mientras que estás contento con lo que recibes, mientras que sientes que hay un equilibrio entre lo dado y lo recibido, pero para llegar a esa satisfacción tenías que haber tenido cierta expectativa de cara a la recompensa merecida por tu acción. 
Ahora damos un pasito más: imagínate que has hecho algo para otra persona, para la sociedad en general y nadie te dice nada, nadie te lo valora y no hay premio de ningún tipo. Ese es el momento en que posiblemente piensas llena de indignación: "Con todo ese esfuerzo, y ni mu, ¡nada!; merezco un poco de respeto, ¡merezco que me reconozcan todo que he hecho!". 
O, un poco en la misma línea, te puede pasar esto: tu novia te deja después de una relación de tres años en la cual has dado todo de ti para hacerla feliz. ¡No hay derecho! Me he enterado que tiene otro, no me lo creo y no me merezco esto. Me he sacrificado por ella durante tres años. ¡Merezco ser feliz! 
Y es justamente en ese tipo de situaciones que ese "me merezco" me chirría. Me  chirría porque, tal como yo lo veo, el punto de salida no es el correcto. A ver si me explico: En primer lugar, si haces algo para otra persona lo haces (esto se supone) libremente y desde el amor porque eres un ser social, porque te encanta ayudar pero no porque esperas algo a cambio. De verdad, mientras que no existe un contrato que estipula las obligaciones de las partes, esperar algo a cambio de lo que haces no es justo. Si no hay contrato, si no hay un acuerdo previo, no es correcto ni justo esperar algo a cambio y menos todavía sin que la otra persona tenga conocimiento de tus expectativas. Si te pasa que tu esperas algo que no se te da, evidentemente te sientes mal, te sientes utilizado y usado y te sientes víctima... mientras que tú mismo te has colocado en esa situación teniendo expectativas que encima ni son realistas. ¿Te acuerdas del triángulo deKarpman? Empiezas como Salvador y acabas como Víctima/Acusador. Pero entonces, ¿qué es lo que te mereces? 
Lo único que te mereces en situaciones de este tipo, cuando tu supuesto premio depende de otra personas o de un determinado colectivo, es la capacidad de ser honest@ contigo mism@. Y no solo te lo mereces, no, es lo que te debes. Esto te hace ser responsable de tus acciones, emociones y pensamientos. Recuerda: como persona adulta, la única persona responsable de tu bienestar emocional, de tu felicidad, eres tú. No es otra persona la responsable de tu felicidad - ni tu novi@, ni tus padres, ni tus hermanos o resto de la familia, ni tus amigos o vecinos-. El único responsable de tu bienestar emocional eres... ¡tú! ¿Crees que mereces ser feliz? ¡Claro que te lo mereces! Pero nunca como resultado de "un premio" ajeno. 
A lo mejor te cuesta llegar a creer lo que acabas de leer. En este caso te sugiero cambiar el chip para ver que es aquello que sí te mereces... :) Volvamos al primer ejemplo: has hecho algo para otra persona, para la sociedad en general y nadie te dice nada, nadie te lo valora y no hay premio de ningún tipo. ¡No te sientas mal! Date cuenta que no pasa nada mientras que tú mismo valoras que has hecho: reflexionas sobre tu entrega y sobre el resultado de tus acciones. Puedes estar orgulloso de ti, de tu compromiso y de tu empatía. Fíjate, igual te mereces... ¡un respiro! (o cualquier otra cosa que te viene a mente mientras que sea algo que tu te puedes dar a ti mismo: un helado, un paseo, ese libro que querías comprarte... etcétera). 
Y en cuanto al segundo ejemplo, más de lo mismo: tu novia te deja después de una relación de tres años en la cual has dado todo de ti para hacerla feliz. Claro, te mereces ser feliz, pero no será ella que te hará sentir bien contigo mismo ni con la vida en general. Esto depende de ti y de cómo te colocas emocionalmente en relación con la pérdida de tu pareja. Puedes reflexionar sobre tu compromiso y sobre la manera en que te has sacrificado... Igual ha sido un poco demasiado y en el proceso has dejado de ser Tu para poder hacerle feliz a tu chica; es probable que ella hasta se veía agobiada por tu atención continua. La culpa no es de ella; tú te has sacrificado libremente, porque lo has querido y porque te parecía lo que tenías que hacer. No hay nada que reprochar. Sí, claro, mereces ser feliz, todo el mundo se lo merece, pero nunca puedes responsabilizar a otra persona si él o ella no te hace feliz. Depende de ti. 
Te puedes merecer muchas cosas; todos merecemos por lo menos las necesidades básicas como un techo, sueño, cariño, seguridad, comida, amistad, dignidad y respeto. La pregunta es: ¿todo el mundo lo tiene? Claro que no. Hay colectivos de todo tipo que ni siquiera tienen techo y en estos casos ni siquiera depende de ellos sino de la humanidad en su totalidad de la cual tu, yo y ellos también formamos parte. Con lo cual el tema se complica y no poco hasta que podría pensar que hay algo más grande que nosotros mismos (al nivel del ego) que determina el curso de la evolución humana. Aun así creo que vale la pena seguir ayudando y contribuyendo siempre al nivel que sea y en la medida en que podamos sin esperar realmente nada a cambio, sin esperar resultados inmediatos. Recuerda: todos somos responsables y todos nos "merecemos" una sociedad humana y un planeta sana, y lo digo en el sentido que nada tiene que ver con nuestro pequeño ego que, según las expectativas que viven en él, puede llegar a sentirse herido, no valorado e... infeliz.

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