domingo, 4 de septiembre de 2011

Tomar responsabilidad



“Si quieres cambiar el mundo, empieza contigo mismo”. Gandhi

En los encuentros para PAS suelo dar herramientas que sirven para aumentar la autonomía personal. La autonomía personal –también llamado liderazgo personal- para una persona altamente sensible, quiere decir ante todo la manera en que esta persona sabe hacerse dueño de su elevada sensibilidad. Mientras que el PAS vive su sensibilidad como un lastre, como un problema o como un dolor, no es dueño de ella, sino que, al revés, la sensibilidad domina a la persona. Solamente cuando la persona haya aprendido encauzarla y sepa valorarla como una cosa positiva –hasta el punto de percibirla como el “Don” del que habla Elaine Aron- puede decir que está en el camino de adquirir autonomía personal.

No se trata de un camino rápido y fácil. Es un camino largo con muchos obstáculos. Es un camino de encontrarte contigo mismo, de observarte continuamente, de corregirte y de aprender. Es un camino de desarrollar nuevos músculos (hábitos), nuevas perspectivas, nuevas ideas y libre de cualquier dependencia emocional.

Unas de las cosas más importantes que hay que aprender es la de tomar responsabilidad. Hacerte responsable de tus pensamientos y tus sentimientos, y sobre todo hacerte responsable de tus actos.
La mayoría de veces no sabemos que pensamos (¿recuerdas que pensaste hace cinco minutos?), no sabemos distinguir nuestros sentimientos (si es que ya somos conscientes de lo que sentimos, aparte todavía del hecho si sabemos ponerlo nombre o no) y no tomamos tiempo para meditar nuestros actos. Hablamos por decir algo, y la mayoría de las veces no somos conscientes del efecto que provocan nuestras palabras. Hacemos algo porque a nosotros nos parece bien, pero no se nos ocurre preguntarnos si aquello que acabamos de hacer también está bien para los demás, o incluso para el mundo.

Todo, pero todo está relacionado entre sí. Esto quiere decir que cada cosa que hago no solamente tiene una consecuencia, pero que también es la consecuencia de algo. Lo mismo se puede decir de las cosas que debería hacer, pero que no hago. Es esto un tema complejo sobre lo cual os invito pensar un poco. Podrías empezar a pensar en la educación de un niño (en tu propia educación como PAS, por ejemplo, o –si eres padre o madre de un niño PAS, en la manera en que le educas).

Ojo, he dicho “pensar”, y esto implica no echar culpas o sentirse víctima. Porqué ahí está: la tendencia humana es esta, la costumbre de echar culpas (“si fulano hubiera hecho esto, yo ahora no estaría…) para poder sentirse víctima. Existe, sin embargo, una manera de observar estas cadenas de consecuencias sin caer en la trampa de culparse a uno mismo o a otros y sin sentirse víctima, y esta es la manera de tomar responsabilidad.

Por ejemplo, en un conflicto, busca maneras de tomar responsabilidad de tus actos (o de tus palabras) sin sentirte (todavía más) culpable y sin echar culpas, y al mismo tiempo sin quitarle la oportunidad a la otra persona de asumir la responsabilidad de la parte que a él o a ella le corresponde. Todos cometemos errores, pero aprendiendo de ellos –desde una actitud de perdonar- podemos crecer como personas.

Cuanto antes eres capaz de quitarte ese sentimiento de culpa, mejor. Por otro lado, echando la culpa a los demás, no solo te afirmas en el papel de víctima sino que te robas de tu propio poder como ser humano, regalándolo a la otra persona.

Si no te haces responsable, casi no te queda otra que culpar. Y, claro, el papel de víctima puede sentir bien y confortable, e incluso te puede dar una (falsa) sensación de poder. Pero estos sentimientos no comparan con la enorme ventaja que podemos sacar si aceptemos la responsabilidad por los aspectos y los hechos que nos atañen y que (a sabiendas o no) habían contribuido a la situación conflictiva.

Sentimientos de culpa y de victimismo no tienen lugar en el camino del autodesarrollo, en el camino de la autonomía personal. Echar culpas es un acto tóxico hacia ti mismo y hacia la persona que estás culpando de tu malestar. Responsabilidad personal, sin embargo, es la base de la confianza y el principio de la resolución del conflicto. Es la única manera de asegurarte de relaciones sanas.

Qué tengáis un buen mes de septiembre.